{"id":7648,"date":"2026-03-24T11:16:54","date_gmt":"2026-03-24T14:16:54","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodelsurdigital.com.ar\/?p=7648"},"modified":"2026-03-24T11:16:56","modified_gmt":"2026-03-24T14:16:56","slug":"el-confesor-del-horror-la-historia-del-militar-paranaense-que-revelo-la-forma-de-asesinar-en-la-dictadura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodelsurdigital.com.ar\/?p=7648","title":{"rendered":"EL CONFESOR DEL HORROR: la historia del militar paranaense que revel\u00f3 la forma de asesinar en la dictadura"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Por <a href=\"https:\/\/www.analisisdigital.com.ar\/autor\/daniel-enz\">Daniel Enz<\/a><\/h5>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/sharer\/sharer.php?u=https:\/\/www.analisisdigital.com.ar\/interes-general\/2026\/03\/24\/el-confesor-del-horror-la-historia-del-militar-paranaense-que-revelo-la-forma-de-asesinar-en-la-dictadura&amp;title=El%20confesor%20del%20horror:%20la%20historia%20del%20militar%20paranaense%20que%20revel%C3%B3%20la%20forma%20de%20asesinar%20en%20la%20dictadura\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?text=El%20confesor%20del%20horror:%20la%20historia%20del%20militar%20paranaense%20que%20revel%C3%B3%20la%20forma%20de%20asesinar%20en%20la%20dictadura+https:\/\/www.analisisdigital.com.ar\/interes-general\/2026\/03\/24\/el-confesor-del-horror-la-historia-del-militar-paranaense-que-revelo-la-forma-de-asesinar-en-la-dictadura\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"https:\/\/wa.me\/?text=https:\/\/www.analisisdigital.com.ar\/interes-general\/2026\/03\/24\/el-confesor-del-horror-la-historia-del-militar-paranaense-que-revelo-la-forma-de-asesinar-en-la-dictadura\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"https:\/\/www.linkedin.com\/sharing\/share-offsite\/?url=https:\/\/www.analisisdigital.com.ar\/interes-general\/2026\/03\/24\/el-confesor-del-horror-la-historia-del-militar-paranaense-que-revelo-la-forma-de-asesinar-en-la-dictadura\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"mailto:?subject=El%20confesor%20del%20horror:%20la%20historia%20del%20militar%20paranaense%20que%20revel%C3%B3%20la%20forma%20de%20asesinar%20en%20la%20dictadura&amp;body=https:\/\/www.analisisdigital.com.ar\/interes-general\/2026\/03\/24\/el-confesor-del-horror-la-historia-del-militar-paranaense-que-revelo-la-forma-de-asesinar-en-la-dictadura\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><a href=\"https:\/\/www.analisisdigital.com.ar\/interes-general\/2026\/03\/24\/el-confesor-del-horror-la-historia-del-militar-paranaense-que-revelo-la-forma-de-asesinar-en-la-dictadura#\"><\/a><a href=\"javascript:window.print()\"><\/a>En octubre de 1991, el teniente coronel informante Jorge Ra\u00fal Farizano -en su rol de instructor militar del Ej\u00e9rcito Argentino- emprendi\u00f3 un viaje que preferir\u00eda olvidar. Deb\u00eda trasladarse hasta Paran\u00e1, a una casa que conoc\u00eda de referencias pero nunca hab\u00eda visitado, para tomarle declaraci\u00f3n a un teniente coronel que, a sus 49 a\u00f1os, se encontraba postrado en su domicilio. El instructor (que a\u00fan vive, a sus 80 a\u00f1os, en Santo Tom\u00e9, Corrientes) sab\u00eda poco del hombre al que iba a entrevistar, salvo que hab\u00eda sido condecorado por Cristino Nicolaides en persona durante la dictadura y que ahora tramitaba una pensi\u00f3n por \u00abneurosis de guerra\u00bb. Lo que no sab\u00eda \u2014lo que nadie en el Ej\u00e9rcito pod\u00eda imaginar\u2014 es que estaba a punto de registrar uno de los documentos m\u00e1s explosivos del terrorismo de Estado argentino.<\/p>\n\n\n\n<p>Eduardo Francisco Stigliano hab\u00eda nacido en Paran\u00e1 y era hijo de una familia conocida en la ciudad. Su suegra, cuyo apellido de soltera era Bouzada, hab\u00eda regentado durante a\u00f1os el Hotel Espa\u00f1a en la calle 25 de Junio, el mismo que m\u00e1s tarde se transformar\u00eda en una galer\u00eda comercial frente al Teatro 3 de Febrero. Era un establecimiento respetable donde todos se conoc\u00edan, donde las biograf\u00edas se tej\u00edan con la paciencia de las d\u00e9cadas y donde nadie pod\u00eda imaginar que uno de los yernos de la se\u00f1ora Bouzada se convertir\u00eda en uno de los represores m\u00e1s letales de la dictadura militar.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven Eduardo hab\u00eda cursado la escuela primaria en Paran\u00e1 antes de partir al Liceo Militar de Santa Fe y, posteriormente, al Colegio Militar de la Naci\u00f3n en Buenos Aires. Era una trayectoria militar convencional, la de un muchacho entrerriano que eligi\u00f3 la carrera de las armas en tiempos en que esa profesi\u00f3n todav\u00eda gozaba de cierto prestigio social. Se cas\u00f3 con Mar\u00eda Teresa Arteaga, una mujer de \u00abbuena familia\u00bb con importantes inversiones inmobiliarias en la provincia, y con ella tuvo cuatro hijos varones. La pareja aparentaba normalidad, esa fachada de respetabilidad que muchos militares de su generaci\u00f3n cultivaban mientras ejecutaban lo inconfesable.<\/p>\n\n\n\n<p>A mediados de los a\u00f1os setenta, cuando ya hab\u00eda alcanzado el grado de capit\u00e1n, Stigliano demostr\u00f3 tener algo m\u00e1s que ambici\u00f3n militar: ten\u00eda lo que en el Ej\u00e9rcito llamaban \u00absentido pr\u00e1ctico\u00bb. Su cu\u00f1ado Florencio Arteaga, hermano menor de su esposa, era un muchacho sin oficio ni ocupaciones conocidas. Stigliano vio en \u00e9l una oportunidad. A fines del gobierno de Isabel Per\u00f3n, Florencio ya viv\u00eda con la pareja en la capital, y fue entonces cuando el militar le hizo una propuesta que sonaba a salvaci\u00f3n: un trabajo en el Batall\u00f3n de Inteligencia 601 del Ej\u00e9rcito como agente civil.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs una buena oportunidad laboral. No la desaproveches, que ac\u00e1 no hay una segunda oportunidad\u00bb, le dijo con aire paternal.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio acept\u00f3 con benepl\u00e1cito. Nunca sabr\u00eda \u2014o quiz\u00e1s prefiri\u00f3 no saber\u2014 que estaba ingresando a una de las estructuras m\u00e1s siniestras del aparato represivo argentino.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El bautismo de sangre<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El 26 de marzo de 1976, apenas dos d\u00edas despu\u00e9s del golpe militar, el flamante capit\u00e1n Stigliano recibi\u00f3 su primera herida \u00aben combate\u00bb. La historia cl\u00ednica del Hospital Militar consigna con precisi\u00f3n burocr\u00e1tica: \u00abherida en hombro derecho con proyectil 9 mil\u00edmetros de punta hueca, que le ingresa por detr\u00e1s y le sale por la regi\u00f3n deltoidea anterior, en circunstancias que el causante cumpl\u00eda una misi\u00f3n de combate ordenada contra la subversi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese d\u00eda, Stigliano actuaba como interventor militar de la comisar\u00eda de Escobar, donde prestaba servicios un joven oficial que a\u00f1os despu\u00e9s se har\u00eda tristemente c\u00e9lebre: Luis Patti. El capit\u00e1n encabez\u00f3 un operativo en una casa de esa localidad del Gran Buenos Aires. Desde el interior de la vivienda le dispararon esa bala que atraves\u00f3 su hombro. Nunca se conoci\u00f3 la identidad de los ocupantes de la casa ni el destino que corrieron, pero el sumario militar del 3 de agosto de 1979 revel\u00f3 qui\u00e9nes acompa\u00f1aron a Stigliano en aquella incursi\u00f3n: el teniente Carlos Subir\u00eda, el cabo primero Villarreal y el cabo Juan Koval, junto a efectivos policiales.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u00abEs una buena oportunidad laboral. No la desaproveches, que ac\u00e1 no hay una segunda oportunidad\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Lo que s\u00ed qued\u00f3 registrado es que Stigliano no volvi\u00f3 a ser el mismo. O quiz\u00e1s, simplemente, se convirti\u00f3 en lo que el sistema militar esperaba que fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Para 1979, ya ascendido y con tres a\u00f1os de experiencia represiva, Stigliano comandaba la Secci\u00f3n de Operaciones Especiales (SOE) del Comando de Institutos Militares, con base en Campo de Mayo. Era un grupo de tareas hasta entonces desconocido, un equipo especializado en la \u00abcaza\u00bb de militantes de Montoneros que intentaban regresar al pa\u00eds en lo que la organizaci\u00f3n hab\u00eda denominado \u00abla Contraofensiva\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El 17 de septiembre de 1979, Stigliano y su patota prepararon una emboscada en el estacionamiento de un supermercado en la localidad de Munro. Los blancos eran dos pesos pesados de Montoneros: Horacio Mendiz\u00e1bal, integrante de la conducci\u00f3n nacional, y Armando Croatto, exdiputado peronista que encabezaba el brazo sindical de la organizaci\u00f3n. Ambos esperaban en el estacionamiento a un compa\u00f1ero, Jes\u00fas Mar\u00eda Luj\u00e1n Vich, sin saber que \u00e9ste hab\u00eda ca\u00eddo en manos del Ej\u00e9rcito dos d\u00edas antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los represores llevaron a Luj\u00e1n Vich, despu\u00e9s de terribles torturas, al lugar de la cita. Ten\u00edan todo calculado: la sorpresa, la superioridad num\u00e9rica, el elemento de shock. Lo que no imaginaron fue que Luj\u00e1n Vich, en un \u00faltimo acto de lealtad que le costar\u00eda la vida, saltar\u00eda del auto para malograr la emboscada con un grito desesperado: \u00ab\u00a1Es una trampa!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Se arm\u00f3 un tiroteo. Mendiz\u00e1bal y Croatto murieron acribillados. Luj\u00e1n Vich tambi\u00e9n. Pero en medio del fuego cruzado, una esquirla de granada perfor\u00f3 la mano derecha del capit\u00e1n Stigliano. La historia cl\u00ednica del Hospital Militar volvi\u00f3 a registrar la herida: \u00abperforaci\u00f3n en la mano derecha por esquirla de granada en circunstancias en que el causante cumpl\u00eda una misi\u00f3n de combate ordenada contra la subversi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, el 2 de octubre de 1979, los sargentos Roberto Ramos y Adri\u00e1n Barberis declararon ante un sumariante militar sobre el percance sufrido por su jefe. Ese mismo expediente terminar\u00eda siendo clave a\u00f1os despu\u00e9s: en \u00e9l figuraba la felicitaci\u00f3n del general Cristino Nicolaides al capit\u00e1n Stigliano \u00abpor su m\u00e9rito al combate\u00bb. En el legajo aparec\u00eda anotado a l\u00e1piz: \u00ab1 sobre 25\u00bb, lo que significaba que Stigliano era uno de veinticinco oficiales especialmente condecorados por el jefe del Comando de Institutos Militares. El Ej\u00e9rcito, como siempre, premiaba a sus asesinos m\u00e1s eficientes.<\/p>\n\n\n\n<p>En marzo de 1980, el ya mayor Stigliano recibi\u00f3 una misi\u00f3n que lo llevar\u00eda fuera del pa\u00eds. La inteligencia militar argentina hab\u00eda detectado que dos cuadros importantes de Montoneros volar\u00edan desde M\u00e9xico a R\u00edo de Janeiro: Horacio Domingo Campiglia, nada menos que el responsable de la inteligencia montonera (apodado \u00abPetrus\u00bb), y M\u00f3nica Susana Pinus de Binstock. Ambos formaban parte de la segunda oleada de la Contraofensiva y planeaban ingresar a Argentina por v\u00eda terrestre desde Brasil.<\/p>\n\n\n\n<p>La coordinaci\u00f3n represiva del Plan C\u00f3ndor funcion\u00f3 con precisi\u00f3n de relojer\u00eda suiza. Un documento desclasificado de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, fechado el 7 de abril de 1980, reconstruye lo sucedido a partir de una entrevista entre James Blaystone \u2014oficial de seguridad de la embajada\u2014 y el agente del Batall\u00f3n 601, Julio Cirino: \u00abAnte la informaci\u00f3n de que Campiglia har\u00eda escala en R\u00edo de Janeiro, la Inteligencia militar argentina contact\u00f3 a un colega de la Inteligencia militar brasile\u00f1a para capturarlo. Brasil otorg\u00f3 el permiso y un equipo especial de agentes argentinos vol\u00f3 a R\u00edo en un avi\u00f3n C130 de la Fuerza A\u00e9rea bajo el mando del teniente coronel &#8216;Rom\u00e1n'\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abRom\u00e1n\u00bb era el alias operativo de Eduardo Stigliano.<\/p>\n\n\n\n<p>El 12 de marzo de 1980, cuando Campiglia y Pinus descendieron del avi\u00f3n en el aeropuerto de Gale\u00e3o en R\u00edo de Janeiro, los estaban esperando. Fueron bajados a golpes por una patota mixta de argentinos y brasile\u00f1os. Del lado brasile\u00f1o, el operativo estaba comandado por el coronel Paulo Malhaes y el mayor Enio Pimentel da Silveira. Del lado argentino, Stigliano llevaba la voz cantante.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos montoneros fueron envueltos en lonas, arrojados al piso de un cami\u00f3n militar y trasladados inmediatamente al avi\u00f3n C-130 H\u00e9rcules que aguardaba en otra pista del aeropuerto. Volaron directamente a Campo de Mayo. Campiglia y Pinus jam\u00e1s volver\u00edan a ser vistos con vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que ocurri\u00f3 en las semanas siguientes qued\u00f3 registrado en documentos militares que s\u00f3lo saldr\u00edan a la luz d\u00e9cadas despu\u00e9s. Campiglia fue recluido en \u00abEl Campito\u00bb, el centro clandestino de detenci\u00f3n que funcionaba dentro de Campo de Mayo. Stigliano, en su confesi\u00f3n de 1991, revelar\u00eda un detalle escalofriante: el general Leopoldo Fortunato Galtieri visit\u00f3 personalmente El Campito para \u00abdialogar con el delincuente subversivo &#8216;Petrus'\u00bb. Su prop\u00f3sito era conocer a su enemigo en cautiverio, observar de cerca al hombre que hab\u00eda dirigido la inteligencia montonera.<\/p>\n\n\n\n<p>Galtieri se dio el gusto de su visita tur\u00edstica al horror. Campiglia desapareci\u00f3 poco despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>La Operaci\u00f3n Murci\u00e9lago, como se bautiz\u00f3 a este operativo transnacional, concluy\u00f3 con la captura de otros trece militantes que regresaban al pa\u00eds. En total, quince personas fueron secuestradas en Brasil y trasladadas clandestinamente a Argentina. Ninguna sobrevivi\u00f3. Por este asunto, a\u00f1os despu\u00e9s, un grupo de militares encabezados por Cristino Nicolaides ser\u00eda condenado a prisi\u00f3n perpetua. Galtieri no estuvo entre ellos: la muerte lo alcanz\u00f3 en 2003, eximi\u00e9ndolo de ocupar el banquillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en 1980, Stigliano y sus camaradas regresaron triunfantes de Brasil. Hab\u00edan cumplido. Hab\u00edan matado. Hab\u00edan sido eficientes. El Ej\u00e9rcito los condecor\u00f3 nuevamente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los vuelos de la muerte<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lo que ning\u00fan superior sab\u00eda es que, mientras acumulaba condecoraciones, algo se estaba quebrando en el interior del capit\u00e1n Stigliano. Las pesadillas hab\u00edan comenzado temprano, quiz\u00e1s despu\u00e9s de aquella primera herida en Escobar. Pero con cada operativo, con cada secuestro, con cada ejecuci\u00f3n, las im\u00e1genes nocturnas se volv\u00edan m\u00e1s v\u00edvidas, m\u00e1s persistentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Como jefe de la Secci\u00f3n de Operaciones Especiales de Campo de Mayo, Stigliano no s\u00f3lo comandaba las patotas que sal\u00edan a cazar militantes. Tambi\u00e9n coordinaba el m\u00e9todo de desaparici\u00f3n final. Y ese m\u00e9todo ten\u00eda nombre y apellido: los vuelos de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, en su confesi\u00f3n administrativa de 1991, Stigliano escribir\u00eda con letra temblorosa pero precisa: \u00abLas pr\u00e1cticas concretas que afectan al suscripto est\u00e1n referidas virtualmente al m\u00e9todo ordenado para la ejecuci\u00f3n f\u00edsica de los subversivos prisioneros, a los cuales sin ning\u00fan tipo de juicio de defensa, se me ordenaba matarlos a trav\u00e9s de los distintos m\u00e9dicos a mis \u00f3rdenes con inyecciones mortales de la droga Ketalar. Luego los cuerpos eran envueltos en nylon y preparados para ser arrojados de los aviones Fiat G-222 o helic\u00f3pteros al R\u00edo de la Plata. Dichas m\u00e1quinas part\u00edan en horarios nocturnos desde el Batall\u00f3n de Aviaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito 601. Las ejecuciones o asesinatos llevados a cabo por este m\u00e9todo fueron cincuenta y tres, siendo cuatro de ellos extranjeros.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Cincuenta y tres personas. Cincuenta y tres seres humanos dopados con Ketalar, envueltos en nylon como paquetes, arrojados desde aviones en pleno vuelo nocturno al r\u00edo. Cuatro de ellos eran extranjeros, probablemente los militantes capturados en la Operaci\u00f3n Murci\u00e9lago en Brasil.<\/p>\n\n\n\n<p>El testimonio de Stigliano tambi\u00e9n revelaba otra forma de asesinato: \u00abOtro m\u00e9todo de ejecuci\u00f3n fue el fusilamiento ordenado por el comandante de Institutos Militares con la presencia de los directores de las distintas escuelas de armas y otros institutos para que dichos oficiales superiores adquieran una responsabilidad comprometedora al avalar con su presencia esta pr\u00e1ctica. Estas me fueron ordenadas cumplir como jefe de la Secci\u00f3n de Operaciones Especiales.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Los fusilamientos eran ceremonias. Actos pedag\u00f3gicos. Una forma de implicar a toda la cadena de mando, de asegurar que todos quedaran manchados con la misma sangre. Los directores de las escuelas militares asist\u00edan como espectadores obligados \u2014o quiz\u00e1s entusiastas\u2014 de las ejecuciones. Nadie podr\u00eda decir despu\u00e9s que no sab\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>&nbsp;\u00abLas pr\u00e1cticas concretas que afectan al suscripto est\u00e1n referidas virtualmente al m\u00e9todo ordenado para la ejecuci\u00f3n f\u00edsica de los subversivos prisioneros, a los cuales sin ning\u00fan tipo de juicio de defensa, se me ordenaba matarlos a trav\u00e9s de los distintos m\u00e9dicos a mis \u00f3rdenes con inyecciones mortales de la droga Ketalar. Luego los cuerpos eran envueltos en nylon y preparados para ser arrojados de los aviones Fiat G-222 o helic\u00f3pteros al R\u00edo de la Plata. Dichas m\u00e1quinas part\u00edan en horarios nocturnos desde el Batall\u00f3n de Aviaci\u00f3n del Ej\u00e9rcito 601. Las ejecuciones o asesinatos llevados a cabo por este m\u00e9todo fueron cincuenta y tres, siendo cuatro de ellos extranjeros.\u00bb<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Lo que Stigliano describ\u00eda era la maquinaria de muerte del Ej\u00e9rcito en pleno funcionamiento. Los m\u00e9dicos militares aplicando las dosis letales de anest\u00e9sico. Los soldados envolviendo los cuerpos. Las tripulaciones de los aviones Fiat G-222, los llamados \u00abHerculitos\u00bb, despegando en la oscuridad desde el Batall\u00f3n de Aviaci\u00f3n 601. Los pilotos \u2014entre ellos Delcis Malacalza y Eduardo Lance\u2014 sobrevolando el R\u00edo de la Plata mientras en la bodega se abr\u00eda la compuerta. Los cuerpos cayendo al vac\u00edo, al agua oscura, a la nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Cincuenta y tres veces.<\/p>\n\n\n\n<p>El testimonio de Stigliano era la primera confesi\u00f3n documentada de los vuelos de la muerte del Ej\u00e9rcito. La Armada ya ten\u00eda a su confesor: Adolfo Scilingo habl\u00f3 en 1995 de los vuelos que part\u00edan de la ESMA. Pero los vuelos del Ej\u00e9rcito hab\u00edan permanecido en secreto, negados, inexistentes en la versi\u00f3n oficial. Incluso el propio Jorge Rafael Videla, en 2012, tuvo el descaro de atribuir los vuelos de la muerte exclusivamente a la Armada.<\/p>\n\n\n\n<p>La confesi\u00f3n de Stigliano destrozaba esa mentira. Y lo hac\u00eda en 1991, cuatro a\u00f1os antes de que Scilingo hablara.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El descenso al infierno<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Doce a\u00f1os despu\u00e9s del final de la dictadura, Eduardo Stigliano ya no era el joven capit\u00e1n ambicioso que hab\u00eda ingresado como interventor militar en la comisar\u00eda de Escobar. A sus 49 a\u00f1os, el teniente coronel era un hombre destruido. Las pesadillas se hab\u00edan convertido en insomnio permanente. El insomnio, en paranoia. La paranoia, en delirio.<\/p>\n\n\n\n<p>Allegados a la familia contaron a\u00f1os despu\u00e9s que Stigliano se sent\u00eda \u00abperseguido\u00bb. No pocas veces se escond\u00eda debajo de la cama porque estaba convencido de que \u00ablo iban a buscar\u00bb para llevarlo detenido. Ve\u00eda amenazas donde no las hab\u00eda. Escuchaba pasos en la noche. Viv\u00eda en un estado de alerta constante que lo estaba consumiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para entonces, Stigliano y su esposa Mar\u00eda Teresa ya estaban pr\u00e1cticamente distanciados. El militar hab\u00eda mantenido reuniones con abogados de un conocido estudio jur\u00eddico del centro de Paran\u00e1 para avanzar en un divorcio consensuado. Los cuatro hijos varones hab\u00edan crecido con un padre cada vez m\u00e1s ausente, m\u00e1s encerrado en su propio tormento.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en ese estado que Stigliano comenz\u00f3 un tratamiento psiqui\u00e1trico con el doctor Eduardo Morguenstern, un profesional paranaense que cumpl\u00eda funciones en el Hospital Militar de Paran\u00e1 y que tambi\u00e9n hab\u00eda pasado por el viejo Hospital Neuropsiqui\u00e1trico Antonio Roballos. Morguenstern era, adem\u00e1s, desde 1991, psiquiatra de la Polic\u00eda de Entre R\u00edos, cargo que ocupar\u00eda durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os hasta jubilarse con el rango de subcomisario m\u00e9dico.<\/p>\n\n\n\n<p>Las sesiones entre el psiquiatra y el represor arrepentido jam\u00e1s fueron reveladas. El secreto profesional las protegi\u00f3. Pero es imposible no preguntarse qu\u00e9 escuch\u00f3 Morguenstern en esos encuentros, qu\u00e9 confesiones recibi\u00f3, qu\u00e9 horrores le fueron narrados. \u00bfLe habl\u00f3 Stigliano de los cincuenta y tres cuerpos arrojados al r\u00edo? \u00bfLe cont\u00f3 de las ejecuciones en presencia de los superiores? \u00bfLe narr\u00f3 la captura de Campiglia en Brasil?<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e9dico Morguenstern diagnostic\u00f3 en Stigliano lo que el expediente militar llamar\u00eda despu\u00e9s \u00abuna especie de neurosis con s\u00edndrome violento\u00bb. Los allegados que lo ve\u00edan dec\u00edan que el militar se mostraba locuaz y ten\u00eda razonamientos normales, pero que algo en \u00e9l se hab\u00eda roto definitivamente. Hablaba. Parec\u00eda cuerdo. Pero de pronto se escond\u00eda debajo de la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>Al borde de la invalidez psiqui\u00e1trica y ante la indiferencia de sus superiores, Stigliano tom\u00f3 una decisi\u00f3n desesperada. Pate\u00f3 el tablero. Si el Ej\u00e9rcito no atend\u00eda sus reclamos de pensi\u00f3n por invalidez, si lo abandonaban despu\u00e9s de haber sido el asesino eficiente que el sistema necesitaba, entonces hablar\u00eda. Contar\u00eda todo. Abrir\u00eda las compuertas del secreto mejor guardado del Ej\u00e9rcito Argentino.<\/p>\n\n\n\n<p>El 17 de octubre de 1991, en su domicilio de Paran\u00e1, el teniente coronel Eduardo Francisco Stigliano hizo su descargo ante un oficial instructor que se hab\u00eda trasladado hasta su casa para tomarle declaraci\u00f3n. Eran tiempos de Carlos Menem, despu\u00e9s del indulto presidencial a numerosos militares y del \u00faltimo movimiento carapintada de Mohamed Al\u00ed Seineld\u00edn, en diciembre de 1990, donde Entre R\u00edos tuvo un rol particular. Jorge Busti estaba en los \u00faltimos meses de su primer mandato y la f\u00f3rmula Mario Moine-Hern\u00e1n Orduna hab\u00eda ganado las elecciones el 8 de septiembre de 1991.<\/p>\n\n\n\n<p>El testimonio de Stigliano, con el que el militar pretend\u00eda conseguir un retiro anticipado y una pensi\u00f3n por las secuelas que le hab\u00eda dejado la \u00ablucha contra la subversi\u00f3n\u00bb, result\u00f3 impresionante en todos sus aspectos. El militar de Paran\u00e1 comenz\u00f3 describiendo sus \u00abpesadillas en forma permanente, relacionadas con las actividades que, como jefe de la SOE de la guarnici\u00f3n militar de Campo de Mayo, se me ordenaron ejecutar y que constituyeron violaciones flagrantes a la Constituci\u00f3n, las leyes y reglamentos militares\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego entr\u00f3 en detalles. Con datos que ning\u00fan oficial del Ej\u00e9rcito quer\u00eda escuchar, que nadie quer\u00eda que quedaran por escrito, que demol\u00edan cuarenta a\u00f1os de silencio institucional. Habl\u00f3 de las cincuenta y tres ejecuciones mediante inyecciones letales de Ketalar. Describi\u00f3 los vuelos nocturnos desde el Batall\u00f3n 601. Revel\u00f3 los fusilamientos ante las autoridades militares. Mencion\u00f3 la visita de Galtieri a El Campito para ver a Campiglia. Pero no se detuvo ah\u00ed. Stigliano tambi\u00e9n habl\u00f3 de sus sentimientos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSufro una especie de neurosis con s\u00edndrome violento y tengo un impulso irrefrenable de venganza hacia quienes me llevaron a esta situaci\u00f3n, combatientes de escritorio, que mientras nos ordenaban asesinar, ellos se preocupaban por el mantenimiento de sus prebendas y de los mal llamados botines de guerra.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>El resentimiento destilaba de cada frase. Stigliano se sent\u00eda usado, descartado. Los que daban las \u00f3rdenes desde sus escritorios segu\u00edan ocupando cargos, cobrando sueldos, viviendo tranquilos. Mientras tanto, \u00e9l \u2014el que hab\u00eda ejecutado, el que hab\u00eda matado, el que se hab\u00eda manchado las manos con sangre\u2014 estaba destruido, enfermo, abandonado a su suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El 19 de noviembre de 1991, Stigliano envi\u00f3 un segundo documento, esta vez de siete carillas. En \u00e9l profundizaba sus revelaciones y agregaba una amenaza apenas velada: aclar\u00f3 haber tomado la precauci\u00f3n de dejar en una escriban\u00eda de la ciudad de Paran\u00e1 \u00abla lista de v\u00edctimas y las matr\u00edculas de los aviones utilizados, junto a los nombres y jerarqu\u00edas de la tripulaci\u00f3n\u00bb. Casualmente, un escribano de su mismo apellido, es familiar directo del militar. Advert\u00eda que si le suced\u00eda \u00abcualquier evento natural o traum\u00e1tico\u00bb, la informaci\u00f3n que estaba a resguardo en \u00abdos sobres lacrados en la caja fuerte de un estudio jur\u00eddico\u00bb ser\u00eda revelada. Constaba adem\u00e1s con los nombres de los gendarmes que vigilaron a los prisioneros. El personal que fue testigo de las ejecuciones. Las fechas exactas de cada vuelo de la muerte. Todo estaba documentado, guardado bajo llave, listo para salir a la luz si algo le pasaba. Era un seguro de vida. O quiz\u00e1s, simplemente, la \u00faltima carta de un hombre que ya no ten\u00eda nada que perder.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u00abSufro una especie de neurosis con s\u00edndrome violento y tengo un impulso irrefrenable de venganza hacia quienes me llevaron a esta situaci\u00f3n, combatientes de escritorio, que mientras nos ordenaban asesinar, ellos se preocupaban por el mantenimiento de sus prebendas y de los mal llamados botines de guerra.\u00bb<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La respuesta institucional no se hizo esperar. El 7 de noviembre de 1991, apenas tres semanas despu\u00e9s de la primera declaraci\u00f3n de Stigliano, el jefe del II Cuerpo del Ej\u00e9rcito, general de brigada Diego Soria, elev\u00f3 las actuaciones al Estado Mayor General del Ej\u00e9rcito (EMGE) con una nota lapidaria:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSe\u00f1alo la gravedad de las afirmaciones vertidas a fs. 7\/8 por el causante, que deben ser analizadas por afectar a la Fuerza, exteriorizando con ello un deliberado prop\u00f3sito de generar problemas institucionales\u00bb. No hab\u00eda palabras de preocupaci\u00f3n por la salud mental del teniente coronel. No hab\u00eda reconocimiento de los traumas generados por las actividades represivas. No hab\u00eda autocr\u00edtica institucional. S\u00f3lo una frase que resum\u00eda la doctrina militar ante las confesiones: Stigliano \u00abpretend\u00eda generar da\u00f1os a la instituci\u00f3n\u00bb. El asesino que ped\u00eda ayuda se hab\u00eda convertido en el enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Ej\u00e9rcito cerr\u00f3 filas. Los reclamos de Stigliano no fueron atendidos. La pensi\u00f3n por invalidez fue negada. El plus salarial por \u00abneurosis de guerra\u00bb, rechazado. El hombre que hab\u00eda ejecutado cincuenta y tres personas siguiendo \u00f3rdenes, el oficial condecorado por Nicolaides, el jefe de operaciones especiales que hab\u00eda cumplido al pie de la letra cada instrucci\u00f3n homicida, fue abandonado a su suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Los documentos de Stigliano fueron archivados. Enterrados en alg\u00fan s\u00f3tano del Ministerio de Defensa. El pacto de silencio militar segu\u00eda siendo m\u00e1s fuerte que la verdad. Durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os, esos papeles permanecieron ocultos. Mientras tanto, los negacionistas repet\u00edan que los vuelos de la muerte eran un invento, una exageraci\u00f3n de los derechos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Silencioso final<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Eduardo Francisco Stigliano muri\u00f3 en 1994, cuando apenas empezaba a transitar la quinta d\u00e9cada de su vida. Las versiones sobre su muerte son confusas: algunos dicen que fue en 1993, otros que en 1994. Lo que est\u00e1 documentado es que sufri\u00f3 un infarto en un hotel de Paran\u00e1. Fue trasladado de urgencia al Hospital Militar, el mismo donde trabajaba su psiquiatra, Eduardo Morguenstern. All\u00ed permaneci\u00f3 internado durante treinta d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>En esas \u00faltimas semanas de vida, Stigliano estuvo acompa\u00f1ado por su esposa Mar\u00eda Teresa Arteaga y sus cuatro hijos varones. El distanciamiento matrimonial se hab\u00eda superado \u2014o al menos suspendido\u2014 ante la inminencia de la muerte. La familia se reuni\u00f3 junto al lecho del militar moribundo, ese hombre que hab\u00eda sido padre, esposo, y tambi\u00e9n ejecutor de cincuenta y tres personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Stigliano muri\u00f3 sin arrepentirse p\u00fablicamente. Sin pedir perd\u00f3n. Su confesi\u00f3n hab\u00eda sido un reclamo administrativo, un ajuste de cuentas con el Ej\u00e9rcito que lo hab\u00eda usado y descartado. No fue un acto de contrici\u00f3n moral. Fue, simplemente, venganza.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos sobres lacrados que guardaba en la escriban\u00eda de Paran\u00e1 permanecieron cerrados. Durante a\u00f1os, nadie supo exactamente d\u00f3nde estaban. Algunos investigadores especularon con que la familia los hab\u00eda destruido. Otros pensaron que hab\u00edan sido sustra\u00eddos por el propio Ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que desaparecieron. La lista completa de las cincuenta y tres v\u00edctimas, las matr\u00edculas de los aviones, los nombres de las tripulaciones, todo se perdi\u00f3. O fue perdido. A prop\u00f3sito.<\/p>\n\n\n\n<p>Stigliano se llev\u00f3 algunos secretos a la tumba. Pero no pudo llevarse todos. Entre 2011 y 2016, el Archivo Nacional de la Memoria (ANM) y la Direcci\u00f3n Nacional de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia llevaron adelante una tarea tit\u00e1nica: la desclasificaci\u00f3n y an\u00e1lisis de legajos del personal del Ej\u00e9rcito, la Armada y la Fuerza A\u00e9rea. Fue un trabajo de hormiga, de cruce de datos, de reconstrucci\u00f3n minuciosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los investigadores sab\u00edan que muchos represores hab\u00edan tramitado condecoraciones por \u00abactos de servicio\u00bb durante la dictadura. Tambi\u00e9n sab\u00edan que algunos, como Stigliano, hab\u00edan presentado reclamos administrativos por traumas mentales y enfermedades de \u00abguerra\u00bb. Esos expedientes, pensaron, podr\u00edan contener informaci\u00f3n valiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00edan raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2013 o 2014 \u2014las fechas var\u00edan seg\u00fan las fuentes\u2014, en alg\u00fan s\u00f3tano del Ministerio de Defensa, apareci\u00f3 el expediente de Eduardo Francisco Stigliano. Eran papeles amarillentos, con la letra temblorosa del militar, fechados en octubre y noviembre de 1991. Documentos que hab\u00edan permanecido archivados durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Las periodistas Alejandra Dandan y Victoria Ginzberg, de&nbsp;<em>P\u00e1gina\/12<\/em>, fueron las primeras en acceder a ese material explosivo. El 17 de marzo de 2014, publicaron la historia completa. El impacto fue inmediato. Victoria Ginzberg tiene sus dos padres desaparecidos y es nieta de Laura Bonaparte, expresidenta de Madres de Plaza de Mayo L\u00ednea Fundadora, nacida en Concordia pero residente en Paran\u00e1 desde su ni\u00f1ez, ya fallecida y atravesada tambi\u00e9n por los cr\u00edmenes de la \u00faltima dictadura. Le mataron tres hijos, dos yernos y una nuera, y el padre de sus hijos y fue una de las precursoras de la campa\u00f1a internacional para que se declarara delito de lesa humanidad a la desaparici\u00f3n forzada de personas.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>Las confesiones de Stigliano confirmaban, con lujo de detalles y desde el interior mismo del aparato represor, la existencia de los vuelos de la muerte del Ej\u00e9rcito. No era el testimonio de un sobreviviente. No era la reconstrucci\u00f3n de un investigador. Era la confesi\u00f3n directa, firmada, de uno de los ejecutores.<\/p>\n\n\n\n<p>Los documentos de Stigliano fueron incorporados a la Causa N\u00ba 4012, a cargo de la jueza federal de San Mart\u00edn, Amelia Vence, sobre los cr\u00edmenes cometidos en jurisdicci\u00f3n del Comando de Institutos Militares con asiento en Campo de Mayo. A\u00f1os despu\u00e9s, pasar\u00edan al Tribunal Oral Federal N\u00ba 2 de San Mart\u00edn, que juzgar\u00eda espec\u00edficamente los vuelos de la muerte desde ese destacamento.<\/p>\n\n\n\n<p>El testimonio de Stigliano ten\u00eda un valor hist\u00f3rico y judicial incalculable. Por primera vez se identificaba con precisi\u00f3n la Secci\u00f3n de Operaciones Especiales (SOE) como el grupo de tareas especializado en la represi\u00f3n de la Contraofensiva montonera en Campo de Mayo. Por primera vez se nombraba expl\u00edcitamente a los aviones Fiat G-222, los \u00abHerculitos\u00bb, como las aeronaves utilizadas para los vuelos. Por primera vez se revelaba el uso sistem\u00e1tico del Ketalar para dopar a las v\u00edctimas antes de arrojarlas al r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sobre todo, por primera vez, un represor del Ej\u00e9rcito admit\u00eda lo que durante cuarenta a\u00f1os la instituci\u00f3n hab\u00eda negado con vehemencia: el Ej\u00e9rcito Argentino tambi\u00e9n arroj\u00f3 personas al agua desde aviones en vuelo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una justicia tard\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El proceso judicial se puso en marcha lentamente, con la parsimonia caracter\u00edstica de la Justicia argentina. En octubre de 2020, comenz\u00f3 el juicio oral y p\u00fablico por los vuelos de la muerte desde Campo de Mayo ante el Tribunal Oral Federal N\u00ba 2 de San Mart\u00edn. En el banquillo de los acusados se sentaron cinco militares retirados: el general Santiago Omar Riveros, comandante de Institutos Militares, quien ten\u00eda control operacional de todo lo que suced\u00eda en Campo de Mayo. Para \u00e9l, era su decimosexta condena por cr\u00edmenes de lesa humanidad. El teniente coronel Luis del Valle Arce, comandante del Batall\u00f3n de Aviaci\u00f3n 601. El teniente coronel Delcis Malacalza, segundo comandante y uno de los pilotos de los \u00abHerculitos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n Horacio Alberto Conditi, oficial de Personal del Batall\u00f3n 601. El capit\u00e1n Eduardo Lance, tambi\u00e9n piloto de los \u00abHerculitos\u00bb y oficial de Operaciones. Faltaba uno. El coronel retirado Alberto Luis Devoto, quien hasta hac\u00eda poco hab\u00eda ejercido como funcionario provincial en C\u00f3rdoba y fue apartado del juicio por incapacidad mental. La pericia psiqui\u00e1trica lo declar\u00f3 inimputable. El mismo m\u00e9todo que Stigliano hab\u00eda intentado usar para conseguir su pensi\u00f3n \u2014alegar problemas mentales\u2014 ahora serv\u00eda a otro represor para eludir el juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el proceso, declararon cerca de setenta testigos. La mayor\u00eda eran ex conscriptos que hab\u00edan hecho el servicio militar en Campo de Mayo y el Batall\u00f3n 601 durante los a\u00f1os de la dictadura. Sus testimonios fueron demoledores. Un ex conscripto relat\u00f3 que un d\u00eda de 1978 estaba de guardia en el Batall\u00f3n cuando vio llegar a soldados que tra\u00edan \u00abbultos envueltos\u00bb. Los bultos gem\u00edan. Los subieron a un avi\u00f3n. El avi\u00f3n despeg\u00f3 en la noche. Cuando regres\u00f3, los bultos ya no estaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro testigo describi\u00f3 c\u00f3mo le ordenaron limpiar el interior de un Fiat G-222 que ten\u00eda manchas oscuras en el piso. \u00abNo me dijeron qu\u00e9 era, pero yo supe\u00bb, declar\u00f3 ante el tribunal. Un tercer conscripto cont\u00f3 que una noche escuch\u00f3 un avi\u00f3n despegar y lo vio sobrevolar el r\u00edo. Al d\u00eda siguiente, el sargento le dijo: \u00abAnoche pescaron muchos pescados gordos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran testimonios fragmentarios, piezas de un rompecabezas que los conscriptos hab\u00edan visto sin comprender completamente en su momento. Pero cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, con la confesi\u00f3n de Stigliano como gu\u00eda, todas esas piezas encajaban.<\/p>\n\n\n\n<p>El expediente de Stigliano se incorpor\u00f3 como prueba documental. Sus siete carillas mecanografiadas, con la firma del teniente coronel al pie, fueron le\u00eddas \u00edntegramente en la sala. Cuando el fiscal lleg\u00f3 a la parte de las cincuenta y tres ejecuciones, el silencio en el tribunal era absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos familiares de desaparecidos lloraron. Otros apretaron los pu\u00f1os. Todos sab\u00edan que esas l\u00edneas escritas por un represor muerto hac\u00eda treinta a\u00f1os eran la confirmaci\u00f3n de lo que siempre hab\u00edan sospechado: sus seres queridos hab\u00edan sido arrojados vivos \u2014o dopados\u2014 al R\u00edo de la Plata.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2022, lleg\u00f3 el veredicto. El tribunal conden\u00f3 a prisi\u00f3n perpetua con cumplimiento efectivo a Santiago Omar Riveros, Luis del Valle Arce, Delcis Malacalza y Eduardo Lance. Horacio Alberto Conditi hab\u00eda sido excluido del juicio por sus disfunciones cognitivas, al igual que Devoto.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Riveros, que ya ten\u00eda m\u00e1s de noventa a\u00f1os, fue su decimosexta condena a prisi\u00f3n perpetua. Un r\u00e9cord macabro. El general m\u00e1s condecorado de la represi\u00f3n. En los fundamentos de la sentencia, los jueces citaron extensamente las confesiones de Stigliano. Se\u00f1alaron que su testimonio era \u00abuna prueba irrefutable\u00bb de los vuelos de la muerte del Ej\u00e9rcito. Destacaron que Stigliano hab\u00eda confesado en 1991, cuatro a\u00f1os antes que Scilingo, lo que demostraba que \u00abel conocimiento de estos hechos era anterior a lo que hist\u00f3ricamente se cre\u00eda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La confesi\u00f3n del represor arrepentido \u2014o mejor dicho, del represor resentido\u2014 hab\u00eda servido para condenar a sus superiores.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, tres d\u00e9cadas despu\u00e9s de la muerte de Stigliano, Paran\u00e1 sigue siendo una ciudad donde todos se conocen, donde las biograf\u00edas se tejen con la paciencia de las d\u00e9cadas. La galer\u00eda que fue el Hotel Espa\u00f1a todav\u00eda existe frente al Teatro 3 de Febrero. Los cuatro hijos de Stigliano crecieron y rehicieron sus vidas lejos del apellido maldito. Lo mismo sucedi\u00f3 con Mar\u00eda Teresa Arteaga. Su hermano, Florencio Arteaga, el cu\u00f1ado que trabaj\u00f3 como agente civil del Batall\u00f3n 601, se sigue mostrando a diario en bares del centro de la capital entrerriana y sigue comiendo asados con sus viejos amigos, entre ellos, un conocido empresario de los medios. Nunca le import\u00f3 demasiado el rol que tuvo en la dictadura. Tampoco hizo aclaraci\u00f3n alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>El doctor Eduardo Morguenstern se jubil\u00f3 de la Polic\u00eda de Entre R\u00edos alrededor de 2012-2013, despu\u00e9s de m\u00e1s de veinte a\u00f1os como psiquiatra institucional con el rango de subcomisario m\u00e9dico. Mantiene su consultorio privado en la calle Salta 656. Nunca habl\u00f3 p\u00fablicamente de su paciente m\u00e1s famoso. El secreto profesional lo protegi\u00f3. O quiz\u00e1s, simplemente, eligi\u00f3 el silencio. Morguenstern fue testigo privilegiado del derrumbe psicol\u00f3gico de uno de los represores m\u00e1s eficientes del Ej\u00e9rcito Argentino. Vio de cerca c\u00f3mo la maquinaria de muerte del terrorismo de Estado no s\u00f3lo destru\u00eda a sus v\u00edctimas, sino tambi\u00e9n \u2014de manera muy diferente, desde luego\u2014 a algunos de sus ejecutores.<\/p>\n\n\n\n<p>No todos los represores se quebraron. La mayor\u00eda vivi\u00f3 y muri\u00f3 sin remordimientos aparentes, convencidos de haber cumplido con su deber patri\u00f3tico. Pero Stigliano fue la excepci\u00f3n. No porque fuera m\u00e1s sensible o m\u00e1s humano que sus camaradas, sino porque la cantidad de muerte que manej\u00f3 fue abrumadora incluso para los est\u00e1ndares de la represi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cincuenta y tres vuelos de la muerte. Decenas de secuestros. Emboscadas, fusilamientos, torturas. La coordinaci\u00f3n con Brasil. Los operativos callejeros. Las ejecuciones ante las autoridades militares. Durante cinco a\u00f1os, Stigliano fue una pieza clave de la maquinaria de muerte en Campo de Mayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y al final, esa maquinaria lo devor\u00f3 a \u00e9l tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>La confesi\u00f3n de Eduardo Stigliano cambi\u00f3 para siempre la historia de la dictadura argentina. No porque revelara hechos desconocidos \u2014los familiares de desaparecidos siempre supieron que exist\u00edan los vuelos de la muerte\u2014, sino porque los confirmaba desde adentro, desde el coraz\u00f3n mismo del aparato represor.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante d\u00e9cadas, los negacionistas hab\u00edan usado el silencio institucional del Ej\u00e9rcito como argumento. \u00abSi existieron los vuelos, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n las pruebas?\u00bb, preguntaban con sorna. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ning\u00fan militar lo confirm\u00f3? \u00bfPor qu\u00e9 no hay documentos?\u00bb La respuesta estaba en un s\u00f3tano del Ministerio de Defensa, en un expediente administrativo de un teniente coronel paranoico que reclamaba una pensi\u00f3n por neurosis de guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>El testimonio de Stigliano tambi\u00e9n ayud\u00f3 a identificar y juzgar a los responsables de los vuelos desde Campo de Mayo. Sin su confesi\u00f3n, quiz\u00e1s algunos de esos represores hubieran muerto impunes. Riveros, Arce, Malacalza, Lance&#8230; todos fueron condenados gracias, en parte, a las palabras escritas por su antiguo subordinado en 1991.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una iron\u00eda amarga. El hombre que ejecut\u00f3 a cincuenta y tres personas termin\u00f3 siendo la pieza clave para condenar a sus superiores. El asesino que el Ej\u00e9rcito abandon\u00f3 a su suerte se convirti\u00f3, p\u00f3stumamente, en el testigo m\u00e1s importante contra la instituci\u00f3n militar.<\/p>\n\n\n\n<p>Su confesi\u00f3n no fue un acto de justicia moral. Fue venganza. Fue resentimiento. Fue el \u00faltimo manotazo de un hombre que se sent\u00eda traicionado por la instituci\u00f3n a la que hab\u00eda servido con eficiencia homicida. Pero las motivaciones importan poco a la hora del resultado. Stigliano habl\u00f3. Escribi\u00f3. Firm\u00f3. Y esas palabras, nacidas del rencor y la paranoia, se convirtieron en documento hist\u00f3rico, en prueba judicial, en verdad jur\u00eddica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>(Informe publicado en la edici\u00f3n gr\u00e1fica n\u00famero 1168 de la Revista AN\u00c1LISIS, del 19 de marzo de 2026)<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Daniel Enz En octubre de 1991, el teniente coronel informante Jorge Ra\u00fal Farizano -en su rol de instructor militar del Ej\u00e9rcito Argentino- emprendi\u00f3 un viaje que preferir\u00eda olvidar. 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