Las compras bajaron 2,7% en los primeros nueve meses de 2026 y los comercios de cercanía enfrentan un escenario de ventas debilitadas. El impacto de los servicios en la pérdida del poder adquisitivo.

El consumo en la Argentina continúa sin mostrar señales de una recuperación sostenida y los almacenes de barrio se convirtieron en uno de los escenarios donde claramente se refleja el deterioro del poder adquisitivo. Aunque la inflación desaceleró respecto de períodos anteriores, los comerciantes advierten que las familias disponen de menos dinero para sus compras cotidianas, reducen la cantidad de productos que llevan y priorizan los alimentos indispensables.

La situación también repercute sobre los negocios, que enfrentan dificultades para sostener sus ventas, reponer mercadería y afrontar los costos de funcionamiento.

Los últimos datos de Scentia muestran que el consumo masivo retrocedió 1% mensual en septiembre, mientras que la caída interanual alcanzó el 1,2%. En los primeros nueve meses de 2026, las ventas acumularon una contracción del 2,7% frente al mismo período del año anterior y se ubicaron 16 puntos porcentuales por debajo del nivel de enero de 2023. La tendencia afectó a supermercados, mayoristas y autoservicios independientes, aunque los comercios tradicionales registraron comportamientos diferentes según su ubicación y las características de sus clientes.

En diálogo con Ámbito, Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros, describió un fenómeno que se repite cada vez con mayor frecuencia: las familias administran sus ingresos mediante compras pequeñas y prácticamente diarias. «En cuanto al consumo, uno siente que el 20 es fin de mes. Y creo que ahí está la aclaración, no es que la gente deja de comer, sino que compra lo justo y necesario. Sé que también algunos no deben llegar literalmente, pero uno ve cómo hacen la compra mínima, lo que le llamamos la compra hormiga», explicó.

El deterioro no se manifiesta de manera uniforme en todo el país. Mientras algunos almacenes registran fuertes caídas en la cantidad de clientes y en la facturación, otros encuentran oportunidades frente a la pérdida de competitividad de las grandes superficies comerciales. Sin embargo, los testimonios coinciden en una transformación de los hábitos de consumo: el precio, la cercanía y la posibilidad de comprar pequeñas cantidades pesan cada vez más en las decisiones de los hogares.

Los clientes llevan menos y el dinero se termina antes

La denominada compra hormiga representa una de las principales transformaciones del consumo barrial. En lugar de realizar una compra grande para varios días, los clientes adquieren únicamente lo necesario para resolver las comidas inmediatas.

Savore lo ejemplificó con una escena habitual en los almacenes: «La compra hormiga es cuando entra un cliente y compra el paquete de fideos, un quesito rallado y un puré de tomate, nada más. Y puede haber alguna oferta de algo y a lo sumo lo tienta, porque no hay más dinero en su bolsillo».

En Parque Avellaneda, al sur de la Ciudad de Buenos Aires, el comerciante Mario Aquino observa que las ventas se concentran durante los primeros días posteriores al cobro de los salarios. «Acá el consumo está bastante caído, se ve siempre un poquitito entre el 10 y el 15 del mes, pero ya después del 15, el 20 ya no hay más dinero», señaló a Ámbito.

Según su experiencia, la cantidad de personas que ingresan a su negocio disminuyó aproximadamente un 15%, una caída que también repercute en el volumen de mercadería disponible.

La explicación de los comerciantes apunta principalmente a la relación entre salarios, inflación y gastos fijos. Si bien el ritmo de aumento de los precios se moderó, las familias deben destinar una proporción considerable de sus ingresos a servicios públicos, transporte, cobertura médica y otras obligaciones.

«Lo que veo es que el salario, por más que la inflación haya desacelerado, no le alcanza a la gente. Y estoy hablando de familias que trabajan en blanco», sostuvo Savore, quien estimó que, en algunos hogares, los gastos obligatorios pueden absorber alrededor del 40% del sueldo.

El impacto de los aumentos acumulados también aparece en los productos de consumo cotidiano. Para el representante de la Federación de Almaceneros, incluso las variaciones mensuales relativamente pequeñas terminan afectando a quienes ya tienen presupuestos ajustados.

«La mercadería va cambiando de precio, pasa que tal vez una suba de un producto de un 2%, un 3% no incide tanto, pero en la sumatoria y cuando el bolsillo ya está muy comprimido, implica demasiado», advirtió. El comerciante mencionó como ejemplo los incrementos sucesivos de los lácteos y su impacto sobre salarios que, según su evaluación, no acompañaron esa evolución.

Desde Punta Alta, en el sur bonaerense, el almacenero Daniel Acuña aportó una mirada diferente sobre el comportamiento de los comercios de proximidad. «La actualidad en los diferentes puntos de nuestro país es totalmente diferente porque hay algunos que la están pasando muy mal, otros que tienen días buenos y días malos y otros que realmente les está yendo muy bien», explicó.

En su localidad, sostuvo que la caída de los grandes mercados favoreció a algunos almacenes, debido a que los consumidores prefieren resolver sus necesidades cerca de sus casas y comprar solamente lo que pueden pagar en el momento.

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