A través de un comunicado enviado a los medios, el reconocido concejal Felipe Sastre, cuestionó la veracidad histórica de los hechos imputados a dicha unidad militar de que allí existiera un Centro Clandestino de Detención.

Sastre, quién nos tiene acostumbrados a posturas exaltadas desde la ultraderecha, destacó la trayectoria del Regimiento en la comunidad local y argumentó que, según las causas judiciales invocadas, no se encuentra probado que hayan acontecido allí delitos de lesa humanidad. Asimismo, tildó la medida de «relato» y de maniobra política, cuestionando la validez del procedimiento administrativo al señalar que la estructura no posee la aprobación de la Secretaría de Obras Públicas ni del Concejo Deliberante, motivo por el cual solicitó su remoción.

Sastre en verdad, es el alter ego de su padre, ese viejo empleado municipal que a los gritos siempre manifestó un afecto inconmensurable por las botas y los uniformes. Un tipo, que durante las gestiones de Juan Carlos Cresto supo hacer carrera administrativa en el área de Inspección General.

Cosa Juzgada

Aquí no vamos a tratar la temática desde el derecho, porque Sastre suponemos que lo entenderá por su formación de abogado. Acá hubo un proceso judicial vivido allá por el año 2013 en el Tribunal Oral Federal de Paraná, en donde se demostraron las responsabilidades de cada actor en las detenciones ilegales, tortura, muerte de desaparición en la causa reconocida como Harguindeguy, en donde el ex teniente coronel, Naldo Miguel Dasso y otros fueron condenados por genocidas.

Aquí lo queremos abordar es lo que se dio en ese contexto histórico y en ese sentido, nadie y creo que todos los organismos de derechos humanos no buscan la desidia, ni menos la provocación, volviendo a reinstalar un cartel que misteriosamente fue sustraído de ese lugar. Ni de buscar problemas con el personal del Regimiento 6 de Caballería, que nada tienen que ver con las responsabilidades de aquellos que comandaron la unidad hace ya 50 años.

Volver a colocar el cartel tiene que ver precisamente con la Memoria. Con la viva memoria que por allí pasaron concordienses detenidos, privados ilegítimamente de su libertad, torturados y hasta desaparecidos en una mazmorra a metros del Regimiento, reconocida como cancha de Polo.

La mazmorra llamada “casita”

Si tomamos el caso del ex conscripto Jorge Papetti, el soldado que prestaba servicios en el Regimiento 6 de Caballería y que luego desapareciera. Según testimonio de otro detenido llamado Jorge Ramírez (fallecido), mientras a él lo torturaban en un lugar en donde le decían la “casita” que daba al fondo del Regimiento, pudo escuchar los gritos de Jorge a escasos metros. Y para dar más precisión, otro de los ex detenidos ya fallecido, Julio Raviccini, en una inspección ocular que realizó al Tribunal Oral Federal de Paraná en Concordia, también señaló que forma exacta el lugar.

El testigo que vive

Si con estos datos no alcanzara y a modo de no convencer al concejal Sastre, sino en honor a la verdad, historia de tortura y muerte vivida por estos hermanos concordienses, está el de José Luis Uranga, quien ya cuenta con unos 75 años, ex preso político y ex empleado municipal.

En su relato, José nos cuenta que un 25 de febrero del año 1977, lo detienen calle Pellegrini al 400, “pegadito a los suegros del General, Roberto Viola de apellido Giorgio y ete aquí que, al momento de mi detención, estaba justamente Viola en esa casa”, recordó Uranga.

El ex detenido, señaló que al momento de la detención lo “envolvieron dentro de un toldo que estaba en el patio de su casa y atado con las mismas cuerdas, me trasladaron a los golpes en un unimog del Ejército”, indicó y lamentó el “mal momento vivido por unos amigos que justamente estaban en mi casa cuando se realizaba el operativo y que también se comieron unos palos”, relató.

Uranga señaló que “Luego de varias vueltas, envuelto en el toldo, atado y encapuchado, lo desataron y trasladaron de a pie a un lugar en donde había una casita en donde se oía un sonido de corriente de agua cerca del río. En ese lugar pude escuchar los gritos de Ravicini cuando lo torturaban. Después me llevaron en el baúl de un auto, esposado hasta la ciudad de Paraná. Los que conducían el móvil era un policía conocido por nosotros, que vivía en calle San Juan al fondo que le decían el correntino García y el otro era el oficial, Anibal Ruperto Palacios, reconocido con el mote de El Ronco”, culminó el ex preso político.

A la negación, le anteponemos el testimonio vivo de un pedazo de historia que pagaron hasta con sangre los que pensaban distinto. Como decía Adorni en sus posteos. Fin.

Foto: Jorge Papetti junto a su madre

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